Cuando bajó no llevaba la mochila, dijo que se le había olvidado cogerla. Pero sólo ella sabía el esfuerzo que tuvo que hacer para dejarla allí abandonada.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero el que espera desespera. Según Longfellow todo llega para el que sabe esperar; y es que el que de nada se desespera es porque nada tiene que esperar, o algo así que dijo Séneca... pero yo, yo ¡estoy hasta los guebs de esperar!