Le gustaba el sobrenombre que le habían puesto: "La mujer del saco". Era implacable. Cuando decidía entrar en la habitación del pánico, actuaba sin compasión, cualquier cosa era susceptible de acabar en el fondo del saco a pesar de las súplicas y de los llantos a su alrededor. -Te lo dije- repetía, -bastante tiempo he esperado, lo avisé, ahora de nada valen los lamentos.-
Salía con el saco lleno pero sabiendo que sería incapaz de llegar al final. Se ablandaría, se arrepentiría y el saco no terminaría en el fondo del contenedor de basura de la esquina.
Yo soy la mujer del saco (el saco no es más que una bolsa de basura). La habitación del pánico es la de mi hijo. Lo sé; que esa habitación aguante más de un día ordenada es una batalla perdida...
Salía con el saco lleno pero sabiendo que sería incapaz de llegar al final. Se ablandaría, se arrepentiría y el saco no terminaría en el fondo del contenedor de basura de la esquina.
Yo soy la mujer del saco (el saco no es más que una bolsa de basura). La habitación del pánico es la de mi hijo. Lo sé; que esa habitación aguante más de un día ordenada es una batalla perdida...
Hasta la próxima, o no.
Imágenes: La habitación del pánico antes de que yo pegue tres gritos...






