24 de marzo de 2008

La otra


Había otra, lo sabía, en el fondo lo sabía, esas cosas se notan, se notan en el trato diario, en pequeños detalles. Esa situación le provocaba una terrible ansiedad. Había otra, y ¿qué podía hacer ella? Encararse a él y decirle lo que sentía, que no era justo, que después de tantos años no podía hacerle esto, o quizá terminaría haciendo lo de siempre ante este tipo de situaciones, aparcar el tema en un rincón de su mente y dejar que el tiempo, siempre el tiempo, solucionara sus problemas. ¿Quién sería la otra? Alguna de las que se cruzaba todos los días, incluso podía ser alguna de esas con las que compartía diariamente risas y secretos y confidencias, o a lo mejor no, a lo mejor era alguien de fuera. Había estado haciendo el ridículo, creyéndose la única, solo ella, ¡como había podido ser tan estúpida!

Lo tenía decidido, seguiría disimulando día a día, no dejaría que él adivinara que sabía la verdad. Al fin y al cabo, solo eran unos meses, Laura se jubilaba en septiembre y entonces sabría si el puesto era suyo o de esa otra que nadie sabía quien era. De lo que no cabía duda era de que ella lo merecía más que nadie. "Directora de recursos humanos", sonaba tan bien. Aunque seguramente y conociéndole como le conocía, no en vano llevaba quince años trabajando para él, capaz sería de decidirlo a cara o cruz.

Hasta la próxima, o no.

P.D. Pido disculpas a las mentes calenturientas que se esperaban un truculento final de celos y pasiones. (Bueno, la verdad es que esa era la intención...igual luego hago un gili-estudio, si los resultados son propicios...)

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