16 de julio de 2007

Peluquerías y terapias...

Se que puede resultar un poco sorprendente o incluso absurdo que le dedique este post o artículo, como ustedes quieran, a las peluquerías, pero sinceramente creo que se lo merecen y yo personalmente se lo debía. Porque las peluquerías no solo son esos sitios donde una va a cortarse, o peinarse o a tapar esas antiestéticas canas, inmisericordes recordatorios de que el tiempo no pasa en vano. No, las peluquerías deberían estar subvencionadas por la Seguridad Social por la labor psicoterapéutica que prestan, en ocasiones mucho más efectiva que el sofá del psiquiatra o el psicólogo, por cierto, ¿dichos profesionales utilizan de verdad el sofá, o es cosa de las pelis?


Cuando uno o una está de bajón, nada más efectivo que un cambio de imagen o “look” que dirían algunos, cuanto mayor es el bajón, más radical debe ser el cambio. Todo puede ser que tras el tratamiento decidido cause espanto mirarse el espejo, lo cual también tiene su parte terapéutica, ya que por un buen rato uno se olvida de los problemas causantes del mal estado anímico para preocuparse solamente de cómo deshacer el entuerto. Pero lo normal es que el cambio sirva de renovación total.


Y eso es lo que yo hice la semana pasada, me metí en la pelu y me dejé allí la melena y todo el mal rollo que invariablemente y año tras año me provoca la llegada del verano, y eso, y esto lo digo bajito, que este año el calor nos está respetando. Así que salí de la peluquería renovada, ligera y el mundo a mí alrededor había cambiado de color.


Así que señores y señoras peluqueros gracias, gracias mil. Quizá al nuevo ministro de sanidad se le ocurra subvencionar las pelus con alguna ayudita, por cierto, ahora que ya no está la señora Salgado, con que ministro/a me voy a meter yo.


Hasta la próxima, o no.

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