24 de julio de 2007

Maldito sms


Hacía tres años y todavía le dolía recordar aquella mañana cuando volvió al piso de Juan porque se había dejado el móvil. Al entrar le extrañó oír la música, fue hacia el dormitorio y al pasar por el baño oyó el agua de la ducha y risas y vió sus siluetas a través de la mampara. ¡Hijo de puta!, le estaba poniendo los cuernos, le había dicho que se iba cinco días de viaje, y estaba allí con otra. Salió corriendo, ni siquiera les vio la cara, escribió una nota y la dejó en el buzón.

El calor en la calle era horrible, puso el aire y decidió quedarse en casa y arreglar de una vez aquella habitación llena de chismes, no había empezado cuando sonó el timbre. ¿Quién coño....?
-¿Qué haces aquí?
-Quería verte
-¿Cómo me has encontrado?
-No ha sido fácil, he tardado tres años.
-Pues ya me has visto, ahora vete.
-Dime que pasó, despareciste, dejaste el trabajo, tu casa ¿qué hice mal?
-Eres un cínico, lárgate
-Espera, esto es lo que dejaste en mi casa- y de una patada empujó una caja hacía dentro.- Por favor, necesito una explicación.

Cerró de un portazo y se sentó en el suelo, al lado de la caja, un libro de bolsillo, algo de ropa interior, el pijama de Mickey, su cepillo de dientes, la nota del buzón, “olvídame, no me busques” y el móvil. Buscó en el cajón de los trastos y encontró un cargador que serviría, le costó recordar la contraseña. Enseguida empezaron a saltar sms, mensajes con tres años de antigüedad. El primero era de Juan de aquella misma mañana:

“No vayas por mi piso, ha venido mi hermano y ha quedado allí con una de sus ex, solo serán unos días. Estoy en el aeropuerto. Enchufa el móvil de una vez. TQ”

La sangre se le heló en las venas, no era él, no era él…

Hasta la próxima, o no.

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