11 de junio de 2007

El apartamento II

Tras tomar posesión de lo que va a ser tu hogar durante 31 días, lo primero es hacer una super-mega-compra, a no ser que quieras hacer rico al tío del pequeño supermercado de la plaza, que tiene todo muchísimo más caro. Tras colocar todo en su sitio, si es que hay sitio para colocarlo todo, llega el momento de hacer las camas con las sábanas que había en el tercer cajón del mueble, y claro empiezan a asaltarte un montón de dudas ¿Quién habrá dormido en estas sábanas? ¿Estarán bien lavadas? ¿Cuánto tiempo llevarán aquí guardadas? Lo mejor para no tener tales dudas es ser precavido y meter unos juegos de sábanas en la maleta. Una vez que las maletas están desechas ya se puede empezar a hablar de veraneo.

Enseguida te das cuenta de que en realidad lo único que has hecho es trasladar tus quehaceres cotidianos, porque hay que seguir cocinando, pero en precario, con menos utensilios y más incómodos, hay que seguir limpiando, de manera un poco más relajada y otro tipo de suciedad, por ejemplo, la arena, porque en un apartamento en la playa siempre hay arena, da igual si estas en primera línea de playa que a 800 metros.

La rutina suele ser la misma día tras día, los niños madrugan, es terrible, pero desde las ocho de la mañana te persiguen diciendo que quieren bajar a la playa, les explicas que es un poco pronto que tengan paciencia, que mejor que primero hagan unos pocos de deberes, mientras tú haces la comida. ¿Y papá? ¿Dónde está tu padre?

Y por fin llega el momento cumbre, ¡¡a la playa!! Atención que no se nos olvide nada, la sombrilla, las esterillas, la sillita de playa, las palas, los rastrillos, los cubos, las otras palas con la pelotita, el protector, las toallas, las gorras, algo para picar y un libro por si acaso.

Una vez pisas la arena, se trata de buscar un buen sitio, cerca de la orilla, pero no demasiado. Colocar la sombrilla no es tan fácil, hay que clavarla bien no vaya a ser que venga un mal aire y se la lleve a tomar viento (nunca mejor dicho). Ya que estás en la playa, y puesto que por fin el padre de las criaturas se va a responsabilizar de la hora del baño, lo mejor es intentar adquirir un favorecedor bronceado. Para ello extiendes cuidadosamente la esterilla con el fin de estar lo más cómoda posible, te pones una buena cantidad de crema por todo el cuerpo y te tumbas, y justo ahora que estás bien pringadita pasa un zagalón corriendo y te llena de arena.-Niño, coño, mira como me has puesto-, te levantas, sacudes la esterilla, la vuelves a colocar y te vuelves a tumbar, pero estas incomoda con las manos llenas de minúsculos granos de arena pegados merced al pringoso bronceador, así que te levantas, te acercas a la orilla, te enjuagas las manos vuelves a extender la esterilla y te vuelves a tumbar. No llevas tres minutos dorándote cuando se acercan los niños.-Mamá, mamá, tengo hambre. Te vuelves a levantar, les ofreces a tus criaturitas la esterilla, para que tranquilamente se coman sus galletas de chocolate, cuando por fin terminan, tienes que volver a sacudir la esterilla, que ahora además de arena, también tiene migas y una vez más te tumbas. Dos minutos después los niños vuelven a acercarse esta vez para que les des las palas.-Están en el bolso de playa, cariño- -¡no! Espera mejor te las doy yo-, y es que ver como la inocente manita llena de arena se introducía en la bolsa, te ha hecho pensar que mejor que ellos no hagan nada. Visto lo visto, mejor cambiar de actividad, sacas el libro, colocas la silla en la sombra y te dispones a leer, apenas llevas un par de páginas cuando algo caído del cielo, aterriza justo encima de tu novela. –Señora perdone, nos devuelve la pelota-. Por fin decides que lo mejor es ir recogiendo el chiringuito y volviendo para casa, porque en la playa, ni se puede tomar el sol, ni leer, ni leches. Menos mal que la urbanización donde alquilaste, tiene piscina.

Hasta la próxima, o no.

2 comentarios:

  1. Santo dios la playa!!
    Siempre he pensado que las madres sois admirables, puesto que vacaciones "strictu senso" no teneís nunca. Tan sólo os trasladais con el marido y la prole, a los que teneis que seguir cuidando.
    Pues si la cosa no se tuerce, seguramente este agosto vaya unos dias de vacaciones a tu tierra y tus playas, bendita tierra!!
    besos

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  2. Enrique, pues yo y si las cosas no se me tuercen, me voy unos días en agosto, para mi otra tierra, la primera, mi Castilla.

    Besos

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Pues vosotros diréis...